MX-1 está inactiva desde hace más de 20 años. Mide ochenta metros de alto y sesenta de ellos están sumergidos en las profundidades del Océano Pacífico. Es una plataforma petrolera y desde los primeros días en los que se erguía tamaña estructura –frente a la playa Los Órganos- las corrientes de Humboldt y la corriente tropical de Ecuador, empezaban a llevar hasta sus tuberías de hierro, las primeras bacterias que al adherirse darían inicio a una explosión de vida. 

Dos millas mar adentro un buzo comercial de nombre desconocido ajusta a su cintura un pantalón de caucho con gruesas botas integradas. Debajo de este traje que lo mantendrá seco, lleva más de tres enterizos de lana para poder soportar la baja temperatura de las profundidades. Una gruesa casaca, hecha a base de neumáticos vulcanizados en el Callao, se conecta en su parte baja con el pantalón, impidiendo el paso del agua.

Antes de entrar al mar, un equipo de personas aseguran el pesado casco de metal que este buzo anónimo lleva sobre la cabeza. Un vidrio de forma ovalada, parecido a la escotilla de un barco, le permitirá ver la instalación de esta estructura bajo el agua. Una vez conectada la escafandra al hermético traje, aseguran la manguera que lo vinculará con la superficie, desde donde le enviarán una mezcla de gases, necesaria para permanecer vivo después de los cuarenta metros de profundidad.

Mientras ingenieros navales, hidrógrafos, constructores y técnicos terminan de revisar las tareas en superficie, toda la majestuosidad de la MX-1, flota en posición horizontal esperando que abran su base. Ha sido construida en un astillero y sus casi cien metros de largo se trasladan en bloque hasta llegar al lugar donde será colocada. Su ubicación debe ser exacta antes de abrir una suerte de válvulas que permitirán la entrada de agua, hundiendo lenta y verticalmente la estructura, hasta establecerse en el fondo. Ningún perno la asegurará al suelo marino. Las toneladas de mar que ingresarán en sus tubos serán peso suficiente para mantenerla fija durante años, a pesar de su actividad y las corrientes.

La labor de aquel buzo comercial es avisar al equipo de profesionales que se encuentra en la superficie sobre la posición en la que va cayendo la plataforma ¿Cómo? A través de un cabo. Tirar del cabo dos veces seguidas es una llamada de atención, tres veces significa mover a la derecha, cuatro indicará desplazarla a la izquierda y así el tira y afloja se convierte en un lenguaje vital para el éxito de esta maniobra. Un mínimo error puede detonar el fracaso de toda la operación. Si la plataforma cae desnivelada o encima de una piedra, se perderían años de trabajo y millones de dólares de inversión.

Ha llegado la hora. El buzo se deja caer, rompe la superficie del mar y desaparece. Desciende lentamente, controlando los cambios fisiológicos producidos al someterse a la presión de las profundidades. La operación debe ser rápida pero precisa. Instalar un monstruo de hierro en mar abierto exige un máximo nivel de concentración y acción. Son largos minutos de tensión los que se rompen al sentir el cabo sacudirse cinco veces con seguridad. Operación exitosa.

P.F.-Cangrejo-araña

Frente a la costa de la ventosa playa Los Órganos en Piura, la inmensa MX-1 empieza a vibrar. Las ondas que produce el movimiento atraen a los primeros peces. Los lobos marinos identifican en la construcción un par de lugares donde tomar un descanso, mientras las corrientes se encargan de arrastrar bacterias que poco a poco se adhieren a las tuberías. Estos organismos microscópicos -expertos colonizadores- serán los primeros responsables de una enorme cantidad de formas de vida subacuática.

Mientras se perfora el subsuelo para extraer el codiciado petróleo, empiezan a crecer algas -en las múltiples tuberías atravesadas- que cumplirán el rol de alimento para nuevas especies. Un tipo de larva adherida a la estructura hace posible las primeras formas de vida sólida: los pico loros. En la plataforma, estos crustáceos con extremidades pero sin capacidad de migración, pueden llegar a crecer del tamaño de un puño e invadir cada centímetro de superficie. Sus brazos están ocultos y cada vez que el pico loro necesita alimentarse, aparecen y desaparecen en segundos unos delgados filamentos en forma de gran pestaña, encargados de capturar plancton. La consistencia de su coraza externa es perfecta para el desarrollo de nuevos invertebrados como la esponja marina y su cavidad servirá de amplia guarida para pequeños e indefensos peces, quienes atraerán a depredadores más grandes. Así esta compleja pieza de ingeniera se convierte en la responsable de albergar toda una cadena alimenticia en donde conviven seres invisibles a los ojos junto con grandes vertebrados.

Durante los años de actividad de una plataforma petrolera, estrictas reglas de seguridad prohíben a las embarcaciones y a los cazadores submarinos acercarse a pescar, permitiendo la multiplicación de especies y protegiendo a grandes depredadores. Estudios científicos e inmersiones en las distintas plantas petroleras del norte del país han determinado que las plataformas activas, concentran una mayor cantidad de vida al estar celosamente resguardadas.

El periodo de extracción de una plataforma depende de la cantidad de recursos que exista en el lugar. Una vez agotado el oro negro, las perforaciones deben cesar y la planta queda inactiva. Por esta razón la MX-1 dejó de vibrar hace más de veinte años.

Según la ley en el Perú, toda plataforma debe ser retirada del océano cuando entre en inactividad, lo que ocasionaría la muerte de miles de especies. Con el objetivo de cambiar esta norma un grupo de universidades, empresas y apasionados por el mar tienen la iniciativa de crear arrecifes artificiales hundiendo estructuras donde se puedan adherir microorganismos y bacterias responsables de generar vida. Los elementos a sumergir pueden ser desde pedazos de tubería, una embarcación o incluso esculturas creando un área protegida y convirtiéndola en el primer museo submarino del país.

P.F.-Pez-escorpionLa propuesta ya ha sido presentada al Ministerio de la Producción y a el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp) y tiene elegido como territorio a proteger las playas de El Ñuro y Cabo Blanco, donde no existen formaciones rocosas, solo un extenso fondo marino arenoso. Aprovechando la aridez de estas tierras, se colocarían esculturas de mármol – como las del Museo Subacuático de Arte (MUSA) en Cancún- para atraer bacterias, larvas y esporas que generen vida. Dentro de este proyecto se incluye a las plataformas petroleras solicitando que no se remuevan pero que se encarguen de remover la estructura expuesta a la corrosión y al oxido, cortando la cabeza de la plataforma y abandonándola en el fondo del mar para crear un nuevo arrecife artificial. Esto no solo resulta más barato para la empresa sino que también es muy provechoso para el medio ambiente.

Según experiencias previas, un museo submarino madura en aproximadamente dos años. La elección de este espacio en la costa tropical de la región Piura, se debe a que el setenta por ciento de la diversidad marina peruana se concentra en el norte de Perú, después de Cabo Blanco, sí, ahí donde se dice que Hemingway pescó un merlín de más de 300 kilos con caña y a bordo del Miss Texas.

Entonces ¿Qué impide la construcción de este espacio vital para la protección de especies en peligro? La falta de reglamento. Si bien hay un interés político sobre este tema, en el Perú no existe un procedimiento para crear un arrecife artificial y hacerlo sin autorización no solo es ilegal, sino que además puede resultar peligroso, al convertirse en un obstáculo para la navegación. Lo correcto es esperar la creación de una legislación y el permiso correspondiente, para que así la Marina de Guerra del Perú incluya estos elementos en sus cartas de navegación y no se conviertan en un peligro para el transporte náutico. Si el Perú decidiera crear los caminos legales para armar un museo submarino, estos espacios se volverían zonas protegidas contra la pesca y caza submarina creando grandes centros de reunión de biodiversidad.

***

Pasaron los años y los trajes de buceo evolucionaron. El caucho vulcanizado y comercializado en el Callao fue reemplazado por el neopreno, material con el que hasta ahora se diseñan los wetsuits. La pesada escafandra de metal se sustituyó por una ligera máscara de silicona y el cable que suministraba una mezcla de gases desde la superficie sería suplantado por un regulador y una botella llena con aire comprimido sujeta a la espalda del buzo gracias a un chaleco. Este invento desarrollado por Jacques Cousteau y Émile Gagnan, se llama equipo de buceo autónomo y le permite al buzo tener más libertad para desplazarse, al independizarse totalmente de la superficie.

Es verano del año 2015.

El sol se abre paso por encima de unos cerros rocosos y aplanados en la cima. El reloj marca las 6:30am. “Spondylus II” una blanca embarcación de techo rojo y motor fuera de borda parte del muelle de Los Órganos. La proa señala a la majestuosa MX-1. Los buzos que se alistan para sumergirse entre las tuberías de la inactiva plataforma petrolera ya no son técnicos o comerciales, son buzos recreacionales que tienen como único fin, divertirse contemplando la vida en el espacio acuático.

Durante los quince minutos que dura el viaje en lancha, uno puede identificar desde lejos decenas de aves reposando sobre los tanques de almacenamiento. Ver planear a las fragatas es un espectáculo, su vuelo es considerado uno de los más hermosos del mundo. A pesar de ser un ave marina, sus negras plumas no producen glándulas de aceite, por lo tanto no están diseñadas para tocar el agua. Al cazar, deben calcular sus movimientos y permitir que sólo unos centímetros de su pico se sumerjan para atrapar a su presa. Llamadas comúnmente tijeretas por su cola bifurcada, son también conocidas como piratas por su capacidad de robar alimento. Al no tener el cuerpo impermeable, se las ingenian atacando a otras aves en el aire y en algunos casos las obligan a regurgitar su comida.

Arriba, en esas altísimas barandas cubiertas por guano, se posan los piqueros patas azules, aves que habitan desde el Golfo de California hasta las costas peruanas y que bien podrían llamarse patas turquesas por la intensidad del color de sus extremidades, atributo del que presumen para conquistar a las hembras. Conviviendo con esta colorida especie y las fragatas/piratas, encontramos al único animal que traga agua salada y en su amplio pico la transforma en agua dulce para hidratarse: el popular pelícano.

Son aproximadamente dieciocho metros de estructura visible. El acceso a las alturas lo permiten unas oxidadas escaleras, habitadas generalmente por lobos marinos. Tentados por la adrenalina, hay quienes trepan hasta el segundo piso de la plataforma petrolera y colocando la punta de sus pies en el aire, se lanzan con el objetivo de sentir segundos de vacío antes de caer al mar.

Una vez amarrada la embarcación según la dirección del viento, los buzos se sientan en fila en el borde de la lancha, dándole la espalda al océano Llevan todo el equipo puesto, incluso las aletas. Sujetan sus máscaras y reguladores con la mano derecha y el cinturón con la mano izquierda. Esperan hasta que el capitán de la embarcación anuncie en voz alta la cuenta regresiva:

  • Treees, doos, uuno…

y todos se dejan caer al agua.

Los chalecos cecean al desinflarse. Los ojos de los buzos atraviesan lentamente la superficie del agua y el único sonido ahora perceptible son las burbujas producidas al exhalar.

La bienvenida está a cargo de un gran cardumen de cabinzas de aproximadamente treinta centímetros cada una, desplazándose gracias a sus aletas rojas, devoran con rapidez el plancton suspendido. Al final de su cuerpo verde oscuro, cinco puntos blanco azulados despiertan la curiosidad de cualquiera.

P.F.-Damicela-marco-natural,-esponjas

Un cabo o también llamado línea de vida te guía hasta los cinco metros de profundidad, hacia la primera estructura horizontal sumergida. Un grupo de peces sargento dan vueltas en círculos, cuidando su nido de cualquier amenaza. Frente al mosquetón de seguridad una nerviosa damisela de colores azul y amarillo encendido se mueve inquieta por su casa de conchas de abanico. Este hogar con múltiples ojos, reacciona cerrándose ante el cualquier peligro. Al lado derecho e izquierdo del hogar de esta inquieta damisela, un jardín multicolor se extiende varios metros. Es un grupo de anémonas en tonos de rosado, morado, naranja y verde. Son considerados animales pero parecen flores. Hermosas a la vista pero urticantes al tacto, es una especie muy poco estudiada en el Perú y se presume que más de la mitad de la especie aún no ha sido identificada.

Otro invertebrado interesante y colorido es la esponja de mar. Un cuerpo amorfo con miles de agujeros de distintos tamaños que a primera impresión no resulta en absoluto atractivo, pero que al acercarte, puedes llegar a descubrir estrellas de mar o peces muy pequeños viviendo ahí. Todos ellos han seleccionado a la esponja como refugio ideal por ser un animal tóxico y que no se mueve. Si un depredador los ataca y come parte de esa esponja, morirá de inmediato. Su veneno es tan variado y letal, que es estudiado por científicos que conservan la esperanza de encontrar un insumo para combatir enfermedades incurables hasta la fecha. Las irregulares esponjas son extremadamente delicadas, pero si se rompen, se regeneran rápido. Los pedazos desprendidos pueden pegarse a otro soporte, para seguir viviendo y albergar a nuevos animales. La función que cumplen estos seres deformes y poco atractivos es muy importante. Son excelentes filtradores, se alimentan de bacterias y así van “limpiando el mar”.

Un poco más allá -al fondo- entre las grietas, un cangrejo permanece inmóvil. Está cambiando su exoesqueleto y durante todo el periodo de muda deberá permanecer ahí, ocultándose de sus depredadores. Sus colegas de especie, que ya tienen el cuerpo de carbonato de calcio bien endurecido, caminan por toda la tubería usando sus tenazas para llevarse algas a la boca.

Alejarse de las estructuras es una sensación poderosa. Aletear manteniendo la flotabilidad neutra, explorar el espacio y jugar a pasar entre las tuberías, hasta llegar al centro de la plataforma. Una vez allí, si tienes un poco de experiencia, puedes exhalar todo el aire de tus pulmones y dejarte caer en cámara lenta hasta los quince metros de profundidad.

P.F.-Retrato-buzo-plataforma

Un enorme espacio circular atravesado por cuatro tuberías ha sido bautizado como la rueda y está plagada –como cada centímetro de la plataforma- por pico loros gigantes donde se ocultan los peces más curiosos y psicodélicos. Se llaman blenny y siempre parecen sorprendidos. Constantemente se asoman con los ojos y la boca bien abiertos. En la parte externa de la rueda, tubos de distintos tamaños, estructuras atravesadas, pernos y cavidades, son el refugio ideal para los pulpos y depredadores como el mero.

El mero es un pez fabuloso y su carne es tan cotizada que desde hace algunos meses las cevicherías del norte de Perú lo mandan a traer desde Ecuador porque aquí ya le echamos limón a casi todos.

Cazador solitario, territorial y carnívoro come cangrejos y calamares pero su plato favorito siempre será el pulpo. Este pez es hermafrodita y cambia de sexo cuando es adulto. Al nacer, todos los meros son hembra y luego de más de cinco años -cuando haya alcanzado su madurez reproductiva- se convierte en macho y puede fecundar hembras más jóvenes. Esta asombrosa capacidad de transformarse es también su principal problema, ya que la pesca no tiene en consideración la talla mínima y los cazan sin haber tenido el tiempo para reproducirse. Hoy, la ausencia de machos amenaza toda la especie.

Mientras el mero busca recovecos para ocultarse y desde la oscuridad cazar a sus presas, otros prefieren mimetizarse con el exterior y pasar desapercibidos hasta que sus victimas se acerquen sin notarlos y puedan capturarlas sin moverse. Esta conducta la siguen maestros del camuflaje como el pez escorpión y el pez roca, que pueden permanecer inmóviles durante horas. Encontrarlos es una tarea difícil.

De pronto aparece un padre abnegado y valiente defensor de su nido: el tramboyo. La MX-1 alberga tramboyos de todos los colores desde sus primeros metros. A los quince, oculto entre las estructuras de la rueda, un rostro amarillo con pecas celestes aparece amenazante. Su gran mandíbula lo convierte en depredador de cangrejos y caracoles, los cuales traga enteros.

P.Fondo---Estructuras-vitales

Si descendemos un poco más y superamos los veinte metros de profundidad podemos estar seguros que la ausencia de luz ha desaparecido casi todos los colores. El primer color en ser absorbido por las profundidades es el rojo, luego sigue el naranja y finalmente el amarillo. En este punto todo a nuestro alrededor se ve verde o azul y para identificar a los peces hay que guiarse por su tamaño o forma. Para ser capaz de ver los colores submarinos se usa la luz artificial de una linterna y en caso se necesite un registro fotográfico solo el flash podrá recuperar los colores, de lo contrario la imagen se verá verde.

Existen días especiales. Situaciones fuera de lo común que te obligan a dejar de respirar de tanta felicidad, como si hubieses recibido un golpe de suerte, directo en la boca del estómago. Bucear escuchando el canto de una ballena o identificar a lo lejos el eco de los delfines. Encontrarte cara a cara con una inmensa mantarraya o nadar con un tranquilo tiburón ballena, son experiencias vividas a dos millas mar adentro.

Otro regalo de la naturaleza es cuando el exceso de plancton o sedimento marino anulan la visibilidad y de pronto la devuelve con creces. Rara vez las partículas suspendidas son tantas que no alcanzas a ver el reloj que llevas en la muñeca. Cuando esto sucede hay dos opciones, cancelar el buceo o ir en búsqueda de la suerte. Entonces uno va descendiendo con la esperanza de encontrar aguas más claras. Cuando de pronto, luego de más de veinte metros de oscuridad sucede un cambio de visibilidad drástico y se abre un amplio espacio azul intenso en donde puedes ver toda la ingeniería de la MX-1 en trescientos sesenta grados. Sorpresas como esta en el mar, hacen que los ojos se te abran como un blenny, tu ritmo cardiaco se acelere, que te den ganas de hablar bajo el agua, de escuchar tus aplausos lentos, de pisar firme para bailar…de abrir los brazos, exponer tu corazón, mirar hacia arriba y flotar contemplando la inmensidad de la construcción, asimilando -y disfrutando al mismo tiempo- tu insignificancia y vulnerabilidad en el océano.

A los treinta y ocho punto siete metros de profundidad se encuentra la última estructura horizontal explorada por el hombre en los últimos años. Uno puede sentarse en ese soporte e imaginar lo que hay dentro de esos desconocidos veinte metros de azul profundo. Un buzo recreativo debe tomar medidas especiales para descender hasta los cuarenta metros de profundidad. Luego de siete atmosferas de presión, el oxígeno contenido en la botella de aire comprimido se vuelve tóxico, produciéndo un blackout o desmayo, que a esa profundidad resultaría mortal.

P.F.-Contraluz

Para investigar o trabajar a profundidades mayores se necesita una preparación técnica y una mezcla de gases precisa, la misma que utilizó años atrás aquel buzo anónimo para supervisar el nacimiento de la MX-1.

Las inmersiones después de los treinta metros, califican como buceos profundos y son operaciones extremas. Siempre hay que tener una buena razón para sumergirte a mayores profundidades y llevar una computadora que controle el nitrógeno residual en nuestro cuerpo. Antes de llegar a los cuarenta metros, la presión de toneladas de agua te empujan hacia el fondo y todos tus espacios de aire se comprimen (pulmones, senos paranasales, trompas de Eustaquio, etc) por lo que el cinturón de plomos que llevas en la cintura es ahora demasiado peso. Te hundes. Parece que ese hoyo azul desconocido tuviese una fuerza magnética que atrae a los cuerpos hacia el fondo. Es tanta la potencia de la profundidad que el más fuerte aleteo no sirve de mucho para ascender, solo queda inflar el chaleco BCD para mantenerse suspendido en un punto y tener cuidado de no traspasar los límites de profundidad, porque nadie podrá ir a rescatarte. Como dice una frase de buceo scuba: el problema no es bajar sino subir.

Bucear en una plataforma petrolera puede convertirse en la experiencia más increíble de tu vida o en el momento más aterrador. Todo depende de la visibilidad, la fuerza de las corrientes pero sobre todo tu capacidad para controlar tus emociones y tu mente. La exploración subacuática en medio de esta monstruosidad, por su tamaño y cantidad de vida, no puede ser descrita con adjetivos intermedios. Puede ser una inyección de adrenalina o un shot de pánico.

Si eres explorador, buzo, biólogo, curioso o un simple mortal amante de la vida, de observarla y de vivirla al límite, debes sumergirte en la MX-1 y descubrir lo que habita en el Océano Pacífico, que además de ser el más grande y profundo del planeta, tiene una riqueza incalculable.

El ascenso hacia la superficie debe ser muy lento y siempre controlado por una computadora que sonará incansablemente si estás subiendo a más velocidad de la debida. Desde los fríos cuarenta metros, cruzarás de regreso la última estructura horizontal conocida -atravesada a los treinta y ocho punto siete metros- para luego disfrutar de un poco más de veintitrés metros de vida y termoclinas más calientes. Al llegar a la rueda te rencontrarás con el tramboyo amarillo de pecas amarillas que todavía defiende su nido, verás al mero dando vueltas sobre su eje, oculto, al acecho, esperando a que el pulpo salga de su guarida para embestirlo.

Cabrillas, cabinzas y chavelas más arriba, hemos llegado a los cinco metros de profundidad. La luz ha recuperado todos los colores, incluso el rojo. Ahí, frente a la damisela amarilla con azul, tu computadora indica que debes hacer una parada de seguridad, lo que significa que te corresponde permanecer tres minutos en el mismo punto, para eliminar poco a poco el nitrógeno acumulado en el cuerpo.

Mirándote atentas están las conchas de abanico. Cerca, el jardín multicolor de anémonas urticantes, las venenosas esponjas filtrando el agua de mar y los pico loros pestañando para atrapar el plancton. Ese diminuto plancton que esta noche, se volverá luminiscente y encenderá en un color verde fosforescente los sesenta metros de estructura sumergida. Bajo la plataforma no queda un centímetro sin vida.

Sin más aire en las botellas, es hora de volver a tierra,. El motor de “Spondylus II” se enciende y la MX-1 se ve a cada nudo más pequeña. Al desembarcar en el muelle, decenas de pescadores filetean –con destreza y sin piedad- varios kilos de algunas de las especies que acabamos de ver bajo el agua. Atraviesan la piel con sus cuchillos, remueven sus órganos, comen un poco de su carne cruda y botan las cabezas y esqueletos al mar. Sus redes no discriminan a los peces por su tamaño ni tienen en consideración su especie o escasez. Pequeños ejemplares que nunca llegaron a reproducirse, enormes mantarrayas y hasta tiburones decapitados y sin aletas, desembarcan diariamente sin control alguno.

La plataforma ya se encuentra a la altura del horizonte y parados en medio de vísceras y sangre, solo queda defender la estadía de la MX-1 en el mar y la creación de nuevos arrecife artificial capaces de proteger a esos peces de las redes y la caza submarina, sirviendo como refugio y soporte para miles de especies extrañas, complejas e inteligentes.

 

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