Los últimos días fueron una locura, no sólo de emociones sino -y sobretodo- de pendientes. Empacar para irme sin fecha de regreso fue además de nuevo para mí, un martirio.

Aquí el recuento de sensaciones y sucesos de estos días previos a la partida.
Lancé el nombre del blog en mi página de Facebook y a las pocas horas mi perfil entró en un error llamado “la pantalla blanca de la muerte” No lo invento. Una amiga monstruo en computación, quien se encarga del diseño del blog me dijo: “Algo te quiere decir el destino, es un error que ni Facebook sabe cómo solucionar, puede durar una semana, un mes o un año”. Lo interpreté como un reseteo profundo, y así lo hice con mi celular, iPad y computadora. Todo desde cero y yo también.

Toda la semana estuve rebalsando de peso y de emociones. Pensaba en mi partida y no podía contener las lágrimas. Tristeza, sí, pena de dejar a mi familia, mis amigos y mi perro (el único que no podrá viajar a mi encuentro). Impotencia porque todavía no salen al mercado las pastillas de chiquitolina para llevarme a todos lo que quiero en el bolsillo, y temor porque no podré estar cerca si pasa algo en casa. La preocupación es a la inversa: mis padres, hermano y amigos se preocupan por lo que me podría pasar en tierras lejanas, y yo estoy segura que podré superar cualquier contratiempo. Pero a mí me da miedo (terror) que le pase algo a los míos y yo no esté cerca para protegerlos o celebrarlos. Mis amigas, todas cerca o ya en sus 30, andan cambiando, renunciando, evolucionando, creciendo y yo quiero estar ahí para aplaudirlas, quererlas, cuadrarlas, malearlas o abrazarlas. Quiero acompañarlas como siempre ha sido.

Estoy agradecida de haber llegado sana y salva a mi destino pero sobre todo infinitamente agradecida por todo el cariño y soporte recibido en estos días previos, emocionalmente difíciles. Empezar una aventura de este tamaño me sobrepasa, me hace sentir indefensa y logro conservarme de pie y seguir adelante gracias a ustedes, los que se tomaron un tiempo para visitarme, llamar o escribir. Cada palabra fue impulso certero. Gracias.

Llegaron de todos lados. Comenzando por mis amigos de primaria a quienes no veo casi desde los 11 años. Yo estudié hasta sexto grado en Chimbote, en mi querido colegio “Inmaculado Corazón”, el cual crecía con nosotros, cada vez que pasábamos a un grado más, se construía el nuevo salón. Grandes épocas jugando barriditas y  fulbito con pelota de trapo.

Mientras trabajaba en mi blog, un amigo de aquella prom me escribió para pasar a despedirse, tenían un regalo para mí. Me dio mucho gusto leer ese mensaje. Eran dos: Judith y Oswaldo, más conocidos como Pollito y Frijol. Cerca de la media noche llegan a mi casa y me entregan una caja llena de fotos de aquellas épocas. La primera imagen me sorprende. Es un retrato mío, con mi uniforme escolar, cerca de los 10 años sosteniendo la cámara submarina Minolta de mi papá. Cuando escribía él “Quien soy” de este blog, pensaba en esa imagen y juraba que se encontraba en mis álbumes familiares, pero no la pude encontrar. Resulta que esa foto la tomo mi amiga de infancia, pollito,  allá por 1997 y seguro la última vez que la vi fue hace más de 15 años. Me quede sin palabras, le conté que había pensado en esa imagen toda la semana y no podía creer que había llegado a mis manos.

Retrato-Denisse-camara-Minolta

Luego, el sábado, el día de mi despedida llegaron amigos de todos lados. Del colegio, la universidad, la playa, la infancia, primos cercanos y extraviados, la gente linda de prensa, colegas docentes, ex alumnos y hasta mi roommate de la Antártida. Cada vez que abría esa puerta, daba unos abrazos de sorpresa y gratitud, antes del respectivo salud. Todo terminó como debía ser: yo obligando a regresar a un par de desprevenidos manipulables (el resto huyó) a beber pisco puro y conversar cosas que no recuerdo.

El lunes, a pocas horas de mi partida empecé a recibir mensajes llenos de energía positiva, mi Facebook resucitó de la pantalla blanca de la muerte y pude por fin actualizar algo en mi perfil, lo que para mí significa trabajar. A la hora del almuerzo, fui invitada por mis mejores amigos a comer un cevillano con su chicha más y derramé algunas lagrimitas sobre las sobras de mi chicharrón. A través del vidrio de la cevichería una amiga me cantaba “no es más que un hasta luego…” Y yo lloraba más. El mozo estaba desconcertado.

En la noche aparecieron mis mejores amigas para acompañarme a hacer mi maleta. Se quedaron hasta las 8am, momento de la última ducha en casa y la salida al aeropuerto.

La aventura empieza en el Jorge Chávez. Llego al counter y me dicen que no puedo abordar porque no tengo un pasaje de regreso a Perú. Sentí que la tragedia que estuve esperando toda la semana antes de mi partida había llegado. Cuando estoy muy nerviosa me río, entonces empecé a reírme casi a carcajadas frente a la señorita de LATAM que por reflejo también reía. “Tiene que comprar un pasaje de regreso de Indonesia” Esa frase anulaba toda mi bolsa de viaje. Le pedí que corrobore la información, llamó al supervisor y éste confirmó la situación, debe salir con un pasaje de retorno, pero puede ser desde cualquier lado, no necesariamente desde Indonesia. El alma me volvió al cuerpo y deje de reírme. En ese momento llamé a la Zamba, mi tía más chevere y quien trabaja en una agencia de viajes, para que compre un boleto online desde cualquier lugar a Perú para cualquier fecha del próximo año. Y así, sin empezar el viaje, ya tenía ticket de regreso a mi país y un gasto de 150$. Esta información no está a la vista, en las páginas que consulté, blogs de viajes, migraciones, etc, no está. Juro que hice mi tarea. Dicen que es una información nueva, mi tía de la agencia de viajes no la había escuchado, viajeras peruanas han salido sin ticket de regreso, pero les cuento lo que me pasó para que tomen las precauciones del caso. Lo que les recomiendo es que consulten con su línea aérea, yo compré el ticket por internet, no tuve asesoría y no se me ocurrió hacer esa consulta.

Finalmente en el aeropuerto me acompañaban mis amigas más cercanas. Destacaron lo sudada que estaba por casi perder el avión y me recordaron que siempre me pasan cosas similares. “Deni siempre empiezas los viajes así, por favor cuida tu pasaporte, acuérdate que te lo olvidas. Deni, tu maleta, acuérdate que llevas 3 cosas en la mano, Deni, no te olvides de tus documentos, Deni….”

Hubo unos segundos de silencio, yo no me acordaba de todos los sucesos pero sí. En mi primer viaje a trabajar a New Jersey, mis maletas no llegaron a Nueva York y no tuve ropa por 3 días, era invierno, nieve por doquier y yo sentí un frío realmente cruel. Cuando por fin las recuperé, no tenían rueditas y tuve que cargar dos maletas de 21kg cada una por todo NY. Una vez instalada en New Jersey me di cuenta que el sobre con mi pasaporte, seguro, tickets de avión, sí ese que no puedes perder, no estaba. Dos días después, me llamaron del hotel de NY para avisarme que lo habían encontrado y tenía que ir por el. Viajé de un estado a otro para recuperarlos.

Un año después, en Vail, Colorado, todo parecía bajo control hasta el primer día de trabajo. Teníamos que ir a recursos humanos con todos nuestros documentos para firmar el contrato. Sí, adivinaste, cuando llegué a la oficina me di cuenta que no los tenía. Los había dejado en la estación de bus, en un parada en medio de la nada. Corrí a tomar el bus de regreso y cuando llegué a la estación estaba ahí, un sobre manila con un título gigante escrito por mi mamá: No perder.
Así que este viaje empieza como tiene que ser, con contratiempos, con problemas y sustos que finalmente se resuelven e incluso ahora los tomo como buen augurio.

Retrato-Denisse-Aeropuerto-Hong-Kong

En la primera parada en Los Ángeles, no cambié el reloj y pensé que había perdido el vuelo. Corrí al counter pensando en llorar -aunque no iba a tener que hacer esfuerzo porque la lágrima ya estaba afuera- para que las señoritas de Cathay se apiaden de mí y me reprogramen el vuelo hasta Hong Kong. Felizmente estaba equivocada. Cuando me senté en el avión, lista para volar durante 15 horas, caí en cuenta que había perdido mi cuello almohada. Una vez en China me levanté con una gran torticolis y busque un baño para poder lavarme los dientes y bañarme cual gato. Una vez limpia y repuesta, me conecto a internet para avisar a casa y caigo en cuenta que había perdido mi mochila Aquapac, mi favorita para bucear. Recorrí Lost & Founds, baños, trate de recordar mi recorrido y realizarlo a la inversa pero no logré encontrarla. Felizmente no tenía nada dentro. Minutos después de publicarlo, una amiga me escribió una frase que repetía su abuela “lo que no hay, no hace falta”

Finalmente llegué a Bali y me hospeda Bina, una chica periodista quien ahora me enseña sobre la religión musulmana. Compartimos cama y en el piso otra viajera solitaria, Kate, rusa de 21 años que vive en Singapur llego hasta aquí “gracias” al desamor y al couchsurfing. Por el momento me quedo en la ciudad y ya me hace falta el mar. El calor más que piurano, la brea quema y el poco viento hace que el bochorno lo sientas así te quedes estático. Quiero ir a la playa, en estos días decido mi destino.

Post#1.-Vacas-en-campo-con-techos-balines

Lo que me encantó de esta isla son las ofrendas. La mayoría es hinduista y su religión los invita a dejar ofrendas diarias en la calle, afuera de su casa, en sus lugares de trabajo, en sus autos, etc. Se lama Canang (se pronuncia Chanang) Son ofrendas para agradecer, con flores, incienso, cigarros y la comida que preparaste para ese día. Con estas ofrendas agradeces a los dioses, por un día más de vida, por tener comida, por gozar de salud y por lo que quieras agradecer.

Post-#1.-Fachada-con-ofrenda-centrada

Así que hoy, junté el rosario que me regaló mi abuela y un “rosario” de la India bendecido -que mi amiga Diana me dio en el aeropuerto- con 21 bolitas para repetir una oración. Yo no he encontrado aún mi religión, entonces no tengo una oración que me identifique, pero sí una palabra: gracias. Espero convertirlo en mi nueva tradición.

Hoy agradecí por estar aquí, por comenzar este sueño, por contar con auspiciadores, que creen, crecen y viajan conmigo: The North Face, Thule, Equipak, Aquapac y Matt.

Post#1.-Ofrendas-relleno-de-encuadre

Gracias eternas a ustedes por tomarse un tiempo para despedirme, por hacerme sentir tan querida, por leerme y por apoyar esta idea loca que ojalá perdure. Agradezco por tenerlos en mi vida, agradezco a la tecnología por acortar las distancias y por último, agradezco a mi yo del pasado, quien debe haber hecho algo muy bueno para que yo goce de esta vida con estrella y  tenga tanta gente linda alrededor.

Espero que me acompañen en este largo viaje en solitario, los voy a necesitar.

Un abrazo comunal, los quiero hasta el fondo del mar.

Gracias, gracias, gracias.

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