Había imaginado este post de una sola manera. Un blog visceral. Líneas escritas desde el estómago vacío, desde la frustración de no poder comer o tomar una gota de agua, un texto deshidratado, hambriento, al borde de la furia. Pero una vez más estaba equivocada, esta experiencia le dio un poco de luz a mi vida. En estas últimas semanas viviendo en Gili Air, isla en su gran mayoría musulmana, aprendí que el Ramadán no se trata de ayunar, esa es solo una pequeña parte. El fin del Ramadán es renacer.

Todos los años se celebra durante un mes, dependiendo del periodo lunar. Durante 30 días todos los fieles, ricos y pobres, dejan de comer, beber –incluso agua- no pueden fumar y se liberan de todos los placeres y vicios cotidianos mientras el sol alumbra ¿Cuál es la razón principal del ayuno? Percibir lo que la gente siente cuando no tiene un plato de comida o incluso cuando no obtiene un vaso de agua para tomar en el día. Empatía es la palabra que resume este sacrificio. Ponerse en el lugar del otro, sentir, comprender y así convertirte en un ser más solidario.

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¿Eso es todo? No, aunque parezca suficiente. Durante esos 30 días debes esforzarte por ser una mejor persona. No mentir por más pequeña o “blanca” que sea la mentira, hablarle a tus amigos con buenas palabras, procurar ser un mejor hijo, padre/madre o esposo/a, ser honesto, ignorar los pensamientos negativos o impuros. Manejar tu carácter, no molestarte, sonreír, mostrarte dispuesto, evitar sentir ansiedad o depresión, transformar tus pensamientos en algo positivo, limpiarte el alma. Que tus acciones no pasen por la razón sino por el corazón.

Es un acto de fe. Mi día de ayuno no representa ni la décima parte del sacrificio diario que realizan todos los creyentes. Me mantuve en la sombra, traté de no caminar, de no cansarme para no sentir sed, de mantener mi mente ocupada, buscando el espacio para dormir, preocupada en lo que me faltaba y no en lo que tenía.

Desperté tarde, a las 4:20am, los fieles musulmanes suelen levantarse a las 4am para comer, esperar el sonido que llega desde la mezquita y rezar. Me quedaban solo 10 minutos para “almorzar” y tomar agua, a pesar de que no tenía hambre, ni sed, solo sueño. Aún así fui en búsqueda de arroz frito, pero cuando éste llegó a la mesa, mi amigo Rafik me advirtió “Quedan 4 minutos para escuchar el rezo que dicta el inicio del ayuno desde la mezquita” y yo empecé a comer como desquiciada. La mezquita dio su anuncio antes de terminar mi plato. Me paré rumbo a mi cuarto pensando en que tenía la boca salada y debía tomar agua para empezar mi propio ayuno. No habían pasado ni dos minutos y ya trataba de justificar la falta.

Si bien no tomé ese último sorbo de agua –que realmente mi cuerpo necesitaba- esperé en la sombra, casi estática, hasta las 7pm para poder abrir mi botella e hidratarme. Cumplí mi promesa de ayuno, sí, pero estuve muy lejos de cumplir o sentir lo que significa un día de Ramadán.

Mi amigo Rafik Damopolli, tiene 24 años, nació en Sulawesi (Indonesia) y es musulmán de familia y por convicción. Nos conocimos buceando. Él colabora para un proyecto de recuperación de arrecifes de coral en la isla y yo fui a hacerles unas fotos submarinas. Además se está preparando para certificarse como Divemaster. Lo he observado durante estas semanas y ha tenido la paciencia de explicarme de qué se trata este mes de sacrificio. Los que alguna vez han tenido la oportunidad de bucear saben que después de respirar aire comprimido por el regulador, la boca se te seca y necesitas beber algo al terminar, pero él no lo hacía. Me dice que si realmente crees en Dios, él te va a ayudar a lograr tu objetivo y no sentir sed, hambre o alguna molestia.

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Su Dios se llama Alá, es un Dios compasivo y todo lo que hagas durante ese mes es para Él. Solo Alá sabe si estás haciéndolo bien. Sólo Él conoce la verdad. Este no es un ritual para demostrarle tu fe nadie más.

Para los musulmanes esta tradición empieza desde los 6 o 7 años. A esa corta edad inician su preparación haciendo medio día de ayuno. Los más pequeños no toman agua ni comen hasta las 12pm y en el colegio los profesores son los encargados de trasmitir la importancia de cumplirlo y omitir la hora de la lonchera. Luego cuando cumples 10 o 12 años (los padres deciden cuándo están preparados) ya son capaces de hacer el ayuno completo.

-Rafik, pero al fin y al cabo eres un niño ¿no fue difícil seguir estas reglas? ¿Nunca hiciste la travesura de esconderte para comer?

-Me acuerdo de una -se ríe- cuando tenía 11 años sentía mucha hambre y me escapé de mi casa. Fui a buscar a unos amigos y detrás de unas palmeras nos pusimos a tomar agua y comer golosinas. Nunca se los conté a mis padres. Éramos niños y no estábamos plenamente conscientes de lo que significa este sacrificio.  Aunque no lo creas ésta es una tradición que esperas cumplir desde muy pequeño, no solo para sentirte e imitar a los adultos, sino porque durante tu corta vida ya haz aprendido lo mucho que significa el Ramadán para tu familia y comunidad.

Las mujeres se visten propiamente para rezar –así estén solas en casa- y también para ir a la mezquita, solo se les puede ver la cara y las manos. La idea de cumplir con un vestuario, además del respeto, es que todos se vean igual, ricos y pobres.

Los rezos son cinco veces al día: a las 4:30am cuando empieza el ayuno, 12 am, 4pm, 6:30pm -cuando termina el ayuno- y la última a las 8pm. La mezquita tiene grandes parlantes para que todos los fieles puedan escuchar y rezar juntos desde sus casas o en el trabajo. En la época del Ramadán existe el “Sunnat” que significa rezar más veces que las cinco obligatorias. Mientras más contacto tengas con Alá, es mejor.

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Solo están disculpados de hacer el ayuno los ancianos o las personas enfermas que necesitan la energía para continuar con su recuperación. Las mujeres que están con la regla, dejan de ayunar en esos días pero deberán compensar los días de no ayuno, en cualquier fecha posterior al Ramadán hasta completar los 30 días.

En estas fechas debes seguir con tu vida cotidiana, trabajar –así tu labor implique esfuerzo físico- no ser perezoso, esforzarte por lograr mejores resultados. Estar dispuesto a ser una mejor persona, identificarte con el otro, buscar tu mejor versión como ser humano. Si no haz sido bueno durante el año, este mes es la ocasión ideal.

“Si lo cumples con convicción y desde el fondo de tu corazón, al final del mes tu alma es como la de un bebe. Limpia de todo pecado. Estás listo para comenzar de cero, para solidarizarte, para aprender. Dios te da la oportunidad de renacer”  – Rafik 

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