Myanmar, Burma o Birmania –sí, tiene tres nombres- es un país muy singular. No le bastó llamarse de muchas maneras, también tiene 8 días a la semana: Lunes, martes, miércoles (12pm a 12am, medio día), raju (mediodía a 12pm), jueves, viernes, sábado y domingo. Usan un zodiaco exclusivo y están en 1978, según el calendario budista. Este 13 de abril del 2017 (para occidente) ellos celebrarán la llegada de 1979.

Después de 70 días viviendo en un monasterio en Mandalay, te cuento las costumbres extrañas, las situaciones graciosas y algunas leyes radicales que me dejaron con la boca abierta.

1.Caras amarillas: Es muy común ver a hombres y mujeres con la cara pintada de amarillo. Se llama “thanaka” y es un cosmético natural extraído de un árbol del mismo nombre. Grandes y chicos lo usan todo el año. En el verano cumple la función de protegerlos del sol (bloqueador natural) y los mantienen con la cara fresca.  En el invierno los ayuda a calentar la piel, lo usan para “abrigarse”.

Algunos hacen diseños como hojas o puntos pero lo más común es verlo esparcido por todo el rostro.

Este es el árbol thanaka. Se extrae el interior, se muele en una bandeja de piedra hasta obtener una masa que luego se aplican en la cara.

2.Escupitajos rojos: Empecé a ver algunas personas con  “sangre” en la boca e imaginé que era un grave problema de encías. Luego conocí a más y más gente con sonrisa de dientes rojos y dije, no, esto no es normal. Una mañana tomando el té vi como un monje botada una cantidad de “sangre” exagerada de la boca. Este hombre se muere ahorita, pensé. Y como nadie se inmutaba, observé durante una hora a los demás clientes y también escupían “sangre”. En el piso los escupitajos rojos son enormes, parece que acabaran de matar un animal.

En mi mente repetía indignada: con la cantidad de ONGs que hay en Myanmar ¿porqué no vienen odontólogos sin fronteras o algo parecido para ayudarlos?. Hasta que un día me animé a preguntar sobre el terrible problema de salud y mis amigos no pararon de reírse.

Me explicaron: Se llama Kwun Yar (se pronuncia Kunyá) y son cubos de beterraga, hojas de tabaco, aceite de limón, un líquido rojizo extraído de un árbol, todo eso envuelto en una hoja, se mastica durante 3 a 5 minutos y luego se escupe. Para los primerizos la sensación luego puede ser como una confusión, algo de mareo, adormecimiento en la boca y nariz, etc.

Yo lo probé. Es amargo, se me adormeció la cara y no entendí qué le ven. Es como fumar, no tiene un sabor rico pero mucho gente lo hace.

3. Carros sin capot: La primera vez que vi uno, fue estacionado en el monasterio, así que pensé que lo estaban reparando. Pero luego eran decenas de carros con el motor afuera, andando por las pistas. Que un mecánico me explique por favor. 

4. Puedes manejar a la derecha o a la izquierda: Lo que te resulte más cómodo, amigo. Hay gente que tiene carro con el timón a la derecha y otros con el timón a la izquierda, todo vale. Depende de donde te lo trajeron. El tránsito es una de las cosas más locas que he visto en este país, si crees que Lima es un caos, te invito a Mandalay para que agradezcas nuestra poca conducta vial, aquí es nula. Pocos semáforos, uno que otro policía de tránsito y nunca he visto un cruce peatonal. Se cruza “a la de dios”/ “ojalá alguien pare”. Si es doble vía te toca esperar al medio de la pista en una línea imaginaria hasta que se abra un espacio para correr al otro lado.

5. Taxis: Hay motos que hacen de taxi pero lo más usado y más barato es tomar un colectivo, un camioncito con techo. En la tolva asientos frente a frente y en la parte de atrás unos sujetadores para que la gente vaya parada en el parachoque o unas tablas/puerta de la tolva, y si ya no alcanzas, siempre queda el techo. Donde entran 10 entran 25.

6. Llamar al mozo: Setenta días viviendo en Myanmar y ¡nunca pude llamar al mozo! He visto y usado diferentes formas de pasarle la voz al mesero pero nunca se me ocurrió ésta. Haces el sonido de un beso, repetidas veces. Sí le mandas muchos besos hasta que te atienda. Las primeras veces que iba a restaurantes o casas de té, no entendía a quién le mandaban tantos besos. Alguna vez me indigné porque eran muy niñas las que atendían y muy viejos los clientes. Pero no tiene nada de malo, es una manera singular –y algo cariñosa- de pedir atención.

Lo he intentado pero la vergüenza de mandar besos en público a un desconocido o el sentimiento de estar llamando a una mascota es más fuerte que yo. Solo me queda esperar, acercarme o hacer contacto visual.

7.Jarrones de agua por la ciudad: ¡Esto sí es lindo! A lo largo de las calles, encuentras vasijas de barro cubiertas ¿Qué hay dentro? ¡Agua! y un vasito para que cualquiera que pase por ahí y sienta sed pueda servirse. Lo llenan todos los días, los vecinos o gente que vive cerca, por si alguien necesita tomar agua.

A veces construyen estantes para darles sombra y mantenerla fría y otras, ponen unas sillas o bancas cerca, así cualquier persona que está cansada puede sentarse, tomar agua y descansar. Las encuentras en muchos pueblos y ciudades alrededor del país. Me encanta esta acción en pro de la comunidad. ¡Punto para Myanmar!

8.Gente en pijama: Para muchos –en occidente- los pantalones a cuadros, enterizos de osito, son pijama y se usan exclusivamente dentro de la casa. Pero aquí lo usan como ropa de diario, los días que hace frio, el polar abriga y eso es suficiente para usarlo. 

Yo me siento en casa con esta costumbre, para mi no hay nada más hermoso que levantarme y salir a tomar el té a un restaurant cercano en pijama y que nadie me mire raro. Comodísimo. 

9. Té y tachos: En todos los restaurantes habrá una jarra de té sobre la mesa, ¡es gratis! Puedes tomar la cantidad que quieras y rellenarlo si se acaba. En el piso, siempre habrá un tacho donde la gente escupe el rojísimo kunyá.

10. Las mesitas de juguete: Las mesas de té son de tamaño pequeño, parecen diseñadas para niños de una escuela de educación inicial, pero grandes y chicos están acostumbrados a sentarse durante horas a tomar te o cerveza y conversar en esas mini sillas.

 

11. Facebook te puede llevar a la cárcel: Si hablas mal de una persona (cualquiera, no tiene que ser del gobierno) puedes ir a la cárcel. Por ejemplo si dices que tu vecina es una chismosa antipática en las redes sociales y ella decide demandarte, podrías terminar tras las rejas. Cuando estuve viviendo en Myanmar hubo un polémico caso entre dos actrices que no se podían ver ni en pintura y una publicó en Facebook un rumor que hizo que la madre de la agraviada, la demandara penalmente y la agresora virtual terminó tras las rejas. La ley es la ley. ¿Te imaginas cuántas personas estarían presas en nuestro país? 

Y a ti ¿Cuál de estas costumbres burmesas te sorprendió más?

 

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